Escrito por coder el 12 de noviembre de 2004
Hay momentos en los que me pongo a pensar en mi adicción a internet y al ordenador en general. Es una adicción que tengo bastante asumida y la verdad, no me quita el sueño.
Sin embargo hay otras adicciones que, quizá por no padecerlas yo, me resultan incluso ridículas.
Una de ellas es el caso que me ocupa ahora mismo: la bricopatía.
¿Qué significa ser bricópata? Muy fácil. Ser un bricópata no es más que ser un adicto al bricolaje. Pero un adicto compulsivo. No vale con decir que una vez en el 86 compraste y montaste la silla que usas en el estudio. Para ser un auténtico bricópata se han de cumplir varios requisitos:
- Entre semana los vecinos oyen como usas tu martillo.
- Cada viernes vas a BricoStock a comprar material.
- Dedicas tanto sábados como domingos a taladrar con tus brocas industriales.
- Siempre necesitas cemento, no se sabe para qué.
- Tienes grabados en DivX con audio en OGG y subtítulos en hungaro todos los capítulos de Bricomanía, e incluso tienes una libreta con anotaciones sobre cosas en las que se han equivocado. De hecho, el Briconsejo nació a raíz de una carta tuya a la editorial del programa.
- Maldices a tu hermano porque no sabe que el minio ya no se utiliza, ¡ahora las pinturas vienen a prueba de corrosión y óxido!
- Tienes varias cajas de destornilladores, por supuesto marca Stanley.
- Conoces a los dependientes de Leroy Merlin más que a tu propia mujer.
- En las reuniones de la comunidad siempre acabas hablando sobre parqué, corcho y vallas metálicas.
- Jamás usarías PVC pudiendo barnizar cada año tus propias mallorquinas.
- Tienes sierra, tarimas, banquetas y un sin fín de herramientas que se usan una vez en la vida.
- El soplete que usaba M.A en el Equipo A fue un regalo tuyo.
Bien, vistos los requisitos básicos que se han de cumplir para poder entrar en el club de la bricopatía, pasemos a contar un poco de historia:
La bricopatía nació a principios de los 90 debido, en parte, al gran auge de los centros comerciales
para toda la familia. Antiguamente sólo existían tiendas de barrio, ferreterías y demás, pero -para variar- se terminó imponiendo el método
Mall, esa aberración yanki venida a más desde que Leroy Merlín decidió desplegar sus alas por todo el territorio nacional.
Y quizá lo más peligroso de la bricopatía es que está bien vista. Parece como si nadie tuviera nada en contra de ella y es bueno oir a tu vecino a grito pelao pidiéndole más yeso a su mujer.
Yo no soy bricópata sino más bien al contrario. Cuando voy al Leroy Merlín con mi padre a los dos nos cuesta encontrar el material necesario para montar la
mesa de cancio que mi madre vio en el catálogo del Makro. Además, es que comprar este tipo de material resulta siempre una odisea:
Vas al centro comercial y aparcas tu humilde vehículo entre furgonetas llenas de bártulos. Ves a la gente moviendo no uno, sino varios de esos carros bien grandes donde cabes tu y toda tu familia. Entras al lugar, buscas el elemento (en este caso mesa de cancio color marrón oscuro) y te vas a la caja. La puta mesa pesa un riñón y te toca hacer una gran cola. Los demás te miran como 'mira, este es nuevo, jajaja' y tu les miras mientras tu padre te dice 'hijo mío, somos peregrinos en tierra de infieles'. Llega tu turno, la cajera te pide el código postal y el DNI. Te han de hacer ficha, tú no figuras en su BBDD. Exclamas 'Oiga, pero si en 1993 compré aquí y me hicieron la tarjeta!' y te responden 'Sí, pero desde que
informatizamos el sistema su cuenta ha caducado'.
Bien, ya has salido del Mall y Ahora estás de camino a casa en tu cutre coche con la mesa en la vaca. Se sale por los lados y rezas para que no te vea la Civil. Prueba superada, has llegado al hogar. Ahora estás jodido porque vas a tener que montarla.
Después de hora y media tu mujer dice 'oye, la comida está hecha, en el
catálogo ponía que era una mesa
monta-fácil, ¿tendremos que llamar al carpintero?'. Tu ignoras esa primera puñalada mientras intentas averiguar por qué en el
manual de instrucciones de montaje pone INSTAUDOIONES en lugar de INSTRUCCIONES. Lo dejas estar y lees directamente el primer punto pero no lo entiendes. Dice algo así como 'TORNILLO PONER IMAGEN'. Perfecto castellano de Taiwan, sí señor.
Finalmente, tras no menos de 3 horas de sudar consigues montar la mesita de las pelotas. Aunque ese último clavo lo lleves metido en un dedo no pasa nada, la mesa aguantará hasta que tengas que
limarla. Es otra tarea que adoras.
Te sientas en la mesa a disfrutar de una cervecita y en eso llega tu vecino el bricópata. Te cagas en sus muelas antes de que se siente (sin permiso, claro). Nada más mirar la mesa dice 'Oye, pero si esta es la Mesa Yawai AI-34 que venden en la sección 23 de BricoStock por 229E!!' y tu sonríes pensando 'vaya, he dado en el clavo' pero antes de que termines de tragar malta él sigue 'pues en Pepito SL la tienen 60E más barata, podías haberme consultado'. Y justo esa es la frase que oye tu mujer cuando sale ofreciéndole una cañita al bricópata y te llevas tú la mirada asesina como si fueras un DERROCHADOR.
Durante esa cerveza aprendes más sobre cerámicas, molduras, escayolas y estucados de lo que hubieras soñado jamás. Es una información muy útil como administrador de sistemas, sin duda.
El bricópata se acaba la birra y te invita a enseñarte su último montaje, una casita para el perro
que aún no tiene pero que comprarán cuando su mujer dé a luz (TM). Ves la casita, la admiras y piensas 'así que en esto has invertido el taladro que no me ha dejado dormir los domingos, eh cabrón?'. Y te retiras a casa, te sientas en la mesa nueva, la cual ha pasado de gustarte a parecerte una mierda. Te vas al ordenador a pasar el rato y escribes algo como esto.
Hale, hasta la próxima feria del mueble.
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